Yizette Cifredo/ June 30, 2011/ De Humanos/ 3 comments

De alguna manera, todos nos relacionamos con niños pequeños. Tenemos hermanos, sobrinos, primos, ahijados, hijos (ya sean propios, de los novios, esposos, vecinos o del jefe), niños con quienes nos topamos por alguna razón en la vida. El punto es que cuando interactuamos con niños nos hacemos conscientes de todo o casi todo. Nos damos cuenta de las “malas” palabras que decimos o se dicen alrededor de ellos. Es cuando escuchamos lo que verdaderamente dicen las letras de muchas canciones que a ellos les gustan. Estamos pendientes a sus amistades, especialmente a las manías. Nos volvemos detectives y estudiosos de la conducta humana con un toque de clarividentes.

Cuando se trata de niños, observamos el contenido de los programas de televisión. Nunca estamos pendientes a las clasificaciones de las películas o si las edades son apropiadas para ciertos juegos hasta que tenemos a un niño cerca. -Hay quienes, aún teniéndolos, no saben de qué rayos estoy hablando.- Me refiero al cuadrito negro que tiene unas siglas como: “G” (Público General); “PG” (Supervisión de adulto sugerida); “R” (Restringido para menores de 17 años); etc. Como todos sabemos, en los empaques de los juegos tambien incluye información muy valiosa como el “range” de edad para quienes es apropiado el juguete.

En fin, los niños nos hacen buscar la mejor opción para ellos. Le damos hasta la comida saludable que no nos gusta, pero sabemos que le conviene y le hace bien. El sentido de responsabilidad y el nivel de conciencia se nos eleva en su mayor expresión cuando se trata de guiar, cuidar o “criar” a un niño. Sabemos que todo lo que ven, oyen, comen, respiran, que todo lo que viven y experimentan influye sobre su conducta y puede ser determinante en quien resultará ser esa personita en un futuro. Ahora bien, si estamos conscientes de que todo lo que nos rodea les puede sumar o restar a ellos. Si sabemos que los amigos, la música, las películas, que todo en lo que inviertan su tiempo, sus sentidos, su vida en general influye sobre ellos. Si estamos de acuerdo en que el entorno y con quienes interactúen tiene la capacidad de construir o destruir en sus vidas, ¿qué estamos haciendo con la nuestra?

Pareciera que dejamos de apostar a nosotros y que, de adultos, no valemos lo suficiente como para ser más responsables, exigente y selectivos. Invertimos tiempo, energía, dinero, sentimientos y neuronas en cosas que nos deterioran, distraen y, hasta, “embrutecen”. ¿Con qué estamos alimentando nuestro estómago, cerebro, espíritu y corazón? Gente, queramos o no, debemos tratarnos con el mismo nivel de conciencia que tratamos a los niños. Lo cierto es que todos los días tenemos que querer-nos, cuidar-nos y “criar-nos”…

Yz
30.Junio.2011

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3 Comments

  1. Excelente escrito me gusto. Debemos empezar por nosotros a cuidarnos y tratar por ser el mejor ejemplo a seguir que tengan.

  2. Me enknto esta publicación! Muy interesante! Concurro contigo en tus planteamiento! Desde que soy madre, soy una mejor persona! Recientemente le escribí a mi hija (a quien concoces) en el programa del recital en el cual participó, que ella me inspira a ser mejor ser humano! Gracias por compartir….Un beso!

  3. Me quede con las ganas de seguir leyendo! Excelente reflexion y sobre todo muy cierta. Le das un tono positivo a una realidad triste y dificil. Pa’lante!

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