Yizette Cifredo/ March 6, 2014/ De Humanos/ 3 comments

Todos podemos disfrutar del sabor y la satisfacción del triunfo, pero como nos hemos creído eso de que hay que “tener más o saber más que los demás” y que hay que “llegar primero o hacer las cosas primero que el resto”, limitamos las posibilidades e invalidamos los esfuerzos. La competencia es demasiada y ha llegado a lo absurdo. Se compite por estar más saludable y más enfermo; ser quien más sufre y quien más goza; por ser el/la mejor y también por ser el/la peor.

El “truco”, en esto de la competencia, es que resulta de la comparación. No existen magnitudes sin medidas. Entonces, la gente se la pasa comparándose, midiéndose y tabulándose para definir quiénes son, y saber cuán superior o inferior está su posición en el tablero. Juran que si te pasó algo bueno, se lo quitaste a ellos o a alguien. Que tu sufrimiento o desgracia valida la del prójimo o, peor aún, cancela la de otro. Es ridículo y no tiene sentido.

Si no has caído en el juego, ¡alerta!, porque la gente a tu alrededor se empeñará en ponerte en competencia. Hay un millón de categorías, tanto para ellos como para ellas. Si no te cuidas, terminarás siendo marioneta de las expectativas; te verás maniobrando para impresionar a los agitadores y superar a los “rivales”.

¿Cómo me perjudica a mi que a ti te vaya bien? ¿Cómo me beneficia a mi que a ti te vaya mal? ¿Por qué tengo que ser la mejor, la única o la primera? 

Confieso que ese juego no me mueve. De todo corazón, me nutre y alegra que la humanidad entera sea saludable, hermosa, exitosa y prospera. De igual manera, me indigna y aflige que sufran desamores, dolencias, injusticias y humillaciones. 

Hace algún tiempo, compartí un estatus en el que resumía lo aquí les escribo. Humildemente, les expongo mi postura. NO compito, NO me interesa. NO me lastima no ser la primera, la mejor ni la más bella. De verdad que no. Amo y disfruto quien soy; en la magnitud que sea. Vivo para dar lo mejor y me acepto como un ser completo, eso incluye (lo que muchos llaman) lo “malo” y “bueno”. Acojo la diversidad y celebro lo que cada uno de nosotros tiene la maravillosa capacidad de aportar.

A través de este escrito, los invito a reflexionar y, si les hace sentido, a renunciar a la comparación y a la competencia. No le dejemos ese “legado” a nuestros hijos e hijas, a esa generación que tiene la oportunidad de vivir en mundo de cooperación, amor y respeto. No todos podremos llegar primero, no todos podremos ser el/la mejor; pero todos sí tenemos la capacidad de ser felices con nuestras respectivas realidades; tenemos la oportunidad de evolucionar siendo cada uno su propio punto de partida, su propia referencia. No debemos vernos como enemigos, opositores o contrincantes. Fomentemos el respeto a la diferencia; al disfrute de los logros del prójimo y a la indignación ante su dolencia. Si el cambio se genera desde el “yo”, hay cabida para un nosotros. Entonces, el sueño que muchos compartimos sería posible, seremos y accionaremos como un mundo mejor…

Con todo mi amor y con mucho respeto,

Yz [6.Marzo.2014]

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3 Comments

  1. Sinceramente una genial exposición del tema. El otro día en mi Twitter comenté algo que sale de este mismo esquema. Creo que si eres feliz, próspero y querido, simplemente lo disfrutas y no lo presumes. Un abrazo

  2. Excelente, creo que todos debemos reflexionar porque desde pequeños nos enseñan a competir y querer llegar primero en todo. Debemos entonces en vez de competir con otros, competir con uno mismo, superar nuestras propios resultados SIN COMPARNOS

  3. Muy bello, no tengo palabras todo muy cierto.

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