Yizette Cifredo/ March 15, 2016/ De Humanos/ 0 comments

Ni+Ni- copy

Recientes eventos, como la ceremonia de los Oscars y las expresiones de Donald Trump (entre otros tantos), ponen en el spot light el tema de la discriminación. Para quienes tengan duda, la Real Academia Española define “discriminación” como: “ideología o comportamiento social que separa y considera inferiores a las personas por su raza, clase social, sexo, religión u otros motivos ideológicos“.

Les confieso que, de vez en cuando, me creo el cuento de que hemos evolucionado y olvido que aún existe. Sin duda, se han dado pasos. Hemos adelantado algo, pero nos falta demasiado para volver a la esencia, al inicio, a nuestro origen; para finalmente aceptar que la sabiduría, el espíritu ni el amor entienden de comparaciones, mucho menos si es para determinar que un ser vivo vale más que otro. ¿En serio un ser humano puede caer en la prepotencia de creerse mejor o superior por su color de piel o de ojos, por su ideal político o religioso, por su nacionalidad o procedencia, por su estatus social o económico, por su orientación o identidad sexual? Hay cosas que no soy capaz de comprender y en mi ejercicio diario de practicar la compasión, intento no hacer juicio ni discriminar a quien discrimina… pero en ciertos casos es tentador.

Reflexionemos bien sobre el tema. No les pido que lo hagan desde la postura del pueblo o de la comunidad, sino desde la propia postura. De la única que somos 100% responsables. Los y las invito a cuestionarse: ¿me he creído yo en algún momento mejor que alguien, simplemente porque estudié cierta profesión, porque guío una marca de carro particular, porque mi casa tiene más cuartos o más pisos? ¿He comprado la idea de que la dirección de mi residencia, el area code de mi número de teléfono, lo que escojo comer o no comer me hace mejor que los demás? Habrá quienes querrán caer en el juego de palabras sobre que sí existe quien es mejor en destrezas dentro de los criterios específicos de un contexto o una competencia. Bien, se dan esos escenarios y, aunque son cuestionables, no son a los que me refiero. Yo hablo de creerse mejor, creerse superior, creer que vales más que otro ser vivo, en la mayoría de los casos, por lo que nos diferencia. Ironía y contradicción, porque si hay algo que tenemos en común es que somos diferentes; podemos compartir gustos, preferencias, ciertas cualidades, fortalezas, debilidades, nacemos con los mismos derechos, pero no somos iguales. Por lo tanto, ser diferentes es un dado y las diferencias no nos ponen por encima ni por debajo de nadie.

Es que quisiera que alguien me dijera si hay algo que, en efecto, haga a un ser humano valer más que otro. Lo siento, pero no lo veo, no lo creo y no lo acepto. No existe una sola razón para sentirnos mejores ni superiores que nadie. Lo interesante es que lo sabemos, pero aún así dudamos y jugamos el juego en ambos lado de la cancha. En ocasiones pensamos que algo nos hace ser más que otros y en otras que algo nos hace ser menos. El ego se activa y nos hace creer que nuestros estilos de vida nos ubican en posiciones superiores o inferiores a los demás: las vacaciones, el puntaje de crédito, el peso, tener cuentas de ahorro o planes de retiro, la escuela de los hijos o hijas, los años que cumplimos, las celebridades o figuras que conocemos, los problemas que tenemos, las enfermedades que padecemos, si usas “PC” o “Mac” o si tienes o no cuentas en alguna red social, y si sigo no termino. El más mínimo detalle se vuelve un factor de valoración y creemos que esas cosas de verdad nos suman o restan puntos, cual personaje de videojuego.

En esto, soy sumamente terca: NADIE ES MEJOR QUE NADIE. NADA nos hace superior ni inferior que otro ser vivo. Como #OptimistaCompulsiva que soy, tengo la certeza que reflexionar sobre estos temas, puede hacer una diferencia real en cómo nos relacionamos y coexistimos. Si en vez de mirarnos con ojos de competencia y comparación, podemos mirarnos con ojos de colaboración y conexión; erradicamos los prejuicios que nos enemistan y segregan. No existe razón para sentirse superior ni inferior que nadie, porque no existe razón para hacer esa comparación. 

Con todo mi amor y respeto,

Yz Cifredo [15.Marzo.2016]

 

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