Mis Canas Maestras: Reina, Lidi y Marga

Transitando la calle de los 30 que me lleva a la avenida “los 40“, ciertos asuntos van tomando notoriedad. Agradezco los genes de mi amada madre que juegan a favor, sin dejar tanta evidencia del pasar del tiempo. No porque “el pasar del tiempo” sea malo ni bueno, sino porque vivimos en un mundo visual y físico que aspira a la inmortalidad y a la eterna juventud. Que se esfuerza más por aparentar que por ser. Que la percepción impera sobre la esencia.  Por el momento, he optado por llevar el color natural de mi cabello y algunas “canas” resaltan muy alegres. Ellas son muy… ellas.  Mientras millones de cabellos oscuros descansan uniformes, ellas vivarachas celebran pareciendo gritarle el mundo “estamos aquí”. A veces, hasta las envidio. Su levedad y ligereza, las liberan. Se mantienen ágiles, dinámicas y muy “erectas”. No hay “spray” de cabello que pueda con ellas, por más “super extra hold” que sea. Siendo honesta, no son muchas, son -literalmente- dos o tres, pero tienen su fuerza. ¡Hasta

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Sin tener, podemos ayudarnos…

¡Qué difícil está la situación económica! ¡Hasta los que más tienen se quejan porque ya no les sobra tanto! Es duro pagar el agua, la luz, la hipoteca o la renta. Aquellos que tienen a sus niños en colegio, no quiero pensar cómo tienen sus cuentas. Con tanta deuda, todo el mundo necesita y todo el mundo está pidiendo algo. El costo de vida aumenta y no pasa lo mismo con los salarios. ¡Cómo darle a otro lo que, sin tener, hace rato necesitamos! En cada esquina alguien nos pide “un peso”. Suena el teléfono, nos llega un email o un mensaje en cadena, alguien que conocemos (o que ni sabemos quién es) tiene una emergencia. Cada vez hay más cáncer, más se enferma la “mente”, aparecen condiciones extrañas que nadie entiende. ¡Y esa es otra! Quebrantarse la salud es cada vez más fácil y más lujosa. Estoy segura que muchos de ustedes, como yo, han pensado en abrir una fundación a beneficio de la “pelambrera”, propia. Es que el

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